Estaba sentado en el coche esperando que viniesen a buscarme cuando vi a un dragón volando con una persona encima. Cuando desaparecieron de mi vista, pensé que era una ilusión o algo por el estilo, pero no. Les seguí corriendo hasta un descampado detrás del colegio. Allí vi al dragón y al jinete. No era más alto que yo pero tenía unos brazos y unas piernas muy fuertes, cosa que me pareció extraño. Además, en su cintura lucia una espada roja. Nos quedamos mirando uno al otro sin saber que decir. Entonces, la dragona alzó la cabeza y me miró. En sus ojos vidriosos vi duda. Levantó el hocico y se acercó a mí. Yo estaba petrificado; finalmente el jinete con voz autoritaria dijo: "Saphira, estate quieta".
Entonces la dragona malhumor volvió atrás y se puso otra vez a buscar algo en la tierra.
Me relajé un poco, y pude notar el sudor en al frente. Entonces, el jinete rompió el silencio.
-¿Cómo te llamas, quien eres, te ha seguido alguien?
-Me llamo Aleix, soy de aquí Castelló y no me ha seguido nadie.
-Está bien. Todo lo que ves de nosotros es real, por lo cual no digas nada ni ahora ni nunca, o veras mi espada clavada en tu cabeza.
- De acuerdo- dije con voz temblosa.
- Me llamo Eragon, y mi dragona es Saphira, estamos buscando una piedra que está por aquí.
Pedí información sobre la piedra pero no me la dio. Entonces Saphira la encontró.
-¿Tan especial es esa piedra?
- Ni te imaginas.
Entones me contó que venían de muy lejos, que habían atravesado una puerta que se encontraba no sé dónde y que podía hacer cosas que ninguno de los humanos podía imaginarse. Entonces, me dijo adiós, y tal como vino se fue. Cuando fui a casa busqué en el "google" Eragon y Saphira, y me salió que eran los protagonistas de una saga, y me puse a reir.


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