Llenando lacunas.

Eragon estaba volando con Saphira cuando vieron algo raro. Humo rojos y gritos. Bajaron hacia las barcazas y vieron que todo estaba normal. Pero cuando volvieron a subir, un dragón enorme se les abalanzó encima, tapándole los ojos a Saphira. Entonces lanzaron alguna especie de red para capturarlos, pero Eragon, gracias a la telepatía con Saphira le avisó de la red y cuando fue el momento justo, Saphira lanzó una bola de fuego y la quemó.

Cuando consiguió liberarse del dragón, vio que todo había cambiado y que decenas de soldados le lanzaban flechas. Huyeron siguiendo el rio hasta que nadie les seguía. Por suerte, no los había seguido nadie, y además no se habían hecho daño. Ahora se les planteaba una difícil tarea: encontrar las barcazas y avisarles de lo que habían visto. Pero no sabían por dónde ir, y es más, no sabían ni donde estaban. De repente vieron unas barcas en el río, se miraron y dijeron salvados, bajaron a gran velocidad, pero enseguida vieron que eran orcos transportando humanos. Se empezaron a preocupar hasta el punto que no sabían qué hacer. De repente, se estableció una conexión con Arya, y ello les devolvió la esperanza. Arya les dijo que volaron demasiado hacia el este y que por eso no se podían orientar. Cruzaron las montañas del oeste, y volvieron a ver un paisaje más verde, y abundante, y vieron el rio, bajaron, y efectivamente eran sus canoas.

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